La exclusión financiera
jun 20, 2026 7:15 • 436 visitas
Hace apenas treinta años, vecinos de zonas rurales acudían a la sucursal bancaria para realizar operaciones rutinarias: transferencias, pagos, ingresos, consultas, etc. Recientemente, muchas sucursales de pueblos pequeños han sido sustituidas por oficinas itinerantes que únicamente prestan servicio un día a la semana. Mantener una oficina física en un pueblo pequeño puede costar decenas o cientos de miles de euros al año y las entidades bancarias han descubierto que, con la creciente digitalización de los servicios financieros, se puede prescindir de ellas. El problema viene cuando usted es una persona mayor que necesita efectivo y tiene dificultades para manejar un smartphone.
Mientras tanto, ahí afuera las fintech hacen el agosto: Revolut aspira a alcanzar los 100 millones de clientes activos diarios en 100 países en el plazo de dos años. A ese ritmo de crecimiento, no es de extrañar que las entidades tradicionales hayan cerrado oficinas físicas y hayan instado a sus clientes a utilizar una aplicación móvil para la operativa diaria. De esa manera consiguen reducir en mantenimiento de sucursales y compiten en mejores condiciones contra N26, Revolut y Wise, imitando un modelo de negocio que ha llegado para quedarse. Sí, para quedarse porque países como Suecia han dejado de aceptar el efectivo como forma de pago para el 90 % de las transacciones y porque el Banco Central Europeo ya está trabajando en la creación de una versión digital del euro. Así están las cosas.
De cualquier modo, no haga demasiado caso a la noticia sobre la marcha atrás de Suecia en el rechazo a los billetes, puesto que esa "marcha atrás" se circunscribe a escenarios de catástrofe o guerra, y se propone para afrontar eventualidades de una duración no superior a la semana. Dicho esto, la evolución de la prestación de servicios financieros al ciudadano se presenta de la siguiente manera:
- Escasas oficinas físicas.
- Más bancobuses y puntos de atención compartidos.
- Pagos con móvil y tarjeta universales.
- Uso creciente de fintech.
- Necesidad decreciente de atención personal en oficina física.
Pero volviendo al tema central que nos ocupa, en pueblos pequeños, mercados, fiestas locales y entre personas mayores, el efectivo sigue teniendo una utilidad social y práctica difícil de sustituir, así que la verdadera cuestión para esos lugares, no es tanto si llegará el euro digital, sino si se garantizará que todos los vecinos sigan teniendo acceso a dinero y servicios financieros, independientemente de su nivel de digitalización. Esa es una de las preocupaciones centrales de las políticas de inclusión financiera en Europa sobre la que actualmente "se está trabajando". Por otra parte, se prevé que el euro digital se guarde en una cartera del Banco Central Europeo. Y surge entonces una duda más que razonable: si los ciudadanos trasladan sus ahorros de la banca comercial al BCE, ¿en qué queda la estabilidad financiera de la eurozona?
Algunos economistas sostienen que un euro digital amplio podría hacer el sistema más seguro, porque los ciudadanos tendrían acceso directo al dinero del banco central. Otros argumentan que podría debilitar el modelo bancario tradicional, obligando a los bancos a financiarse más en los mercados mayoristas y menos mediante depósitos de particulares. Por eso, el BCE está intentando encontrar un equilibrio: ofrecer una forma pública de dinero digital sin provocar una migración masiva de depósitos fuera de la banca comercial.

Mujer con dinero sacando cuentas. Pexels.
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